En junio de este año la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó la resolución que pide al presidente de la República, José Antonio Kast, dar urgencia al proyecto de ley que rebaja la responsabilidad penal adolescente de 14 a 13 años. La medida promueve también que menores de 16 y 17 años que sean reincidentes o participen en delitos de gran connotación social sean tratados como adultos en el sistema penitenciario.
El debate que ha generado la iniciativa del oficialismo, amerita una buena conversación desde los datos, para entender el problema de los menores de edad infractores de ley desde una mirada más profunda.
En este reportaje analizamos en detalle la trayectoria de más de 38 mil niños, niñas y adolescentes (NNA) desde que tienen contacto por primera vez con el sistema policial. Un par de preguntas empujaron este ejercicio periodístico en un inicio: ¿se puede meter a todos en el mismo saco? ¿existen factores determinantes en la trayectoria delictual de un menor de edad? En el camino asomaron otras.
El análisis se basa en el reporte Trayectorias delictuales de niños niñas y adolescentes en Chile, un estudio longitudinal que hizo seguimiento a 38.866 menores en un plazo de diez años, entre 2014 y 2024.
Tito: de víctima a infractor
Para comenzar este recorrido, te invitamos a conocer la historia de Tito. Dale play al video.
Tito pertenece a un grupo de menores de edad que tuvo su primer contacto con el sistema por vulneración de derechos. De los casi 39 mil NNA a quienes se les hizo seguimiento en los diez años del estudio, la gran mayoría, 25.241, ingresó por la misma razón. Los adultos les fallaron, los de su entorno familiar, pero también el Estado.
En ese grupo de vulnerados, las mujeres, o mejor dicho las niñas, son las principales víctimas. Ellas son las que presentan más reingresos al sistema por vulneraciones reiteradas.
La edad importa
El estudio separa a los menores en tres tramos: 0-7 años, 8-13 años, 14-17 años. La evidencia muestra que quienes ingresan al sistema policial a más temprana edad, antes de los 14 años, tienen una trayectoria delictiva persistente, con muchas reincidencias y se involucran en delitos de más graves. En cambio, quienes parten a los 15 o 16 años suelen tener lo que los expertos denominan trayectorias transitorias. En muchos de esos casos el trayecto como infractor de ley se asocia al llamado «sesgo de madurez»; en simple, lo hacen por rebeldía o desorientación propia de la inmadurez de la edad.
En cuanto a los perfiles, se identifican cuatro clústeres o grupos de clasificación. Los dos primeros representan niños, niñas y jóvenes con infracciones puntuales, de baja importancia atribuidas a un periodo de adaptación a un entorno vulnerable.
Los otros dos representan grupos problemáticos, con una trayectoria delictual que se inicia tempranamente, hay reincidencia y llegan, en el caso del grupo más crítico, a generar alto daño social, aunque son minoritarios.
Ganar el partido de la vida
Imaginemos que en cada uno de los clústeres, los niños, niñas y adolescentes están jugando la final del partido de sus vidas. Es una definición por «penales», donde convierte un gol quien logra salir el círculo de la delincuencia. ¿Cuál de los cuatro grupos tiene mejor rendimiento?
Como hemos dicho, los cuatro clústeres incluyen a 5.642 casos de un total de 5.906 menores de edad con trayectoria delictual: ¿Qué pasa con los 264 que no fueron considerados? Ese grupo minoritario es al que pertenecen los NNA que generan alto daño social. El estudio los describe así:
Mayoritariamente hombres, con un promedio de 30 contactos. Estos casos recibieron un tratamiento especial en el análisis de clúster por su carácter atípico. Es un grupo pequeño que genera alto daño social, siendo casos que saturan el sistema por la intensidad de sus ingresos.